¿Cuándo un producto es caro?

¿Cuándo un producto es caro?

El objetivo de toda empresa es vender su producto para obtener un beneficio. Nosotros, como consumidores, quizás alguna vez nos hayamos preguntado cuáles son las técnicas utilizadas por las empresas para fijar dichos precios. Las más habituales son la fijación de precios basada en los costes y la fijación de precios basada en la competencia. Normalmente, todo precio tiene una historia que lo justifica detrás. El azar en este tema no existe, pues todas las empresas estudian meticulosamente cuál ha de ser el precio de sus productos.

La razón por la cual un cliente potencial opina que un producto es caro, es muy simple: el costo que debe asumir para adquirirlo supera el beneficio que percibe. Como podemos ver, es algo subjetivo. Si todas las personas, por ejemplo, solo compraran los productos por tener el precio más bajo, no veríamos a la industria del lujo florecer, incluso en las crisis más duras de la economía mundial. De hecho las grandes marcas de julo, nunca bajan sus precios.

Vivimos en un mundo empresarial muy competitivo, de grandes producciones, poco diferenciadas, donde para crear valor añadido, se tiene que hablar siempre de la solución que se ofrece, más que del producto.

Pero ¿Y si hablásemos de una camiseta blanca? Cuello redondo, manga corta, patrón recto y hecha 100% de algodón. La prenda más sencilla posible. La camiseta que tenemos y hemos tenido todos. Como puede ser que por internet se pueda comprar por 1€, en alguna tienda deportiva por 4€ y si es de una gran marca (aunque no se vea) por 500€.

Si hablamos del tercer caso, gastar mucho en algo tan básico es un acto elitista, es querer vestir de una marca, de un sello, aunque no ofrezca una mejor estética.

¿Lo caro es sinónimo de mejor? ¿Lo caro es sinónimo de justo?

Si bien la palabra “caro” es subjetiva, el precio de la tela, el hilo, la fabricación de patrones, la maquinaria y los demás gastos no lo son.  Es curioso que nos llame la atención el precio de una camiseta cuando es desorbitado hacia arriba y no cuando es irrisorio hacia abajo.

Una camiseta fabricada de forma sostenible con el medio ambiente y respetuosa con quienes trabajan para confeccionarla (salarios dignos y condiciones de trabajo adecuadas) siempre resultará necesariamente más cara, que la que vale 1€.

Algo falla en nuestro interior cuando viendo estos precios, uno puede poner en duda dónde empieza el marketing y dónde acaba la calidad/ética.  

Según mi opinión tan cara es la camiseta de 1€, como la de 500€. La del valor más elevado lo es porqué su precio no es objetivo y seguramente es injustificado. La más económica, porqué si quieres que una prenda sea sostenible, no puedes pretender que sea baratísima.

La ética es un tema crítico en la fijación de precios porque la ética y la legalidad no son sinónimos. Un precio no ético no siempre es un precio ilegal. En muchos casos, depende de nosotros decidir dónde está la línea… Los mercados están lanzando su propuesta para afrontar la degradación medioambiental, la deslocalización industrial, el bienestar animal o la explotación de los trabajadores, en nuestro poder esta elegir el mundo en el que queremos comprar.

La compra de un producto ya no solo se puede guiar por criterios racionales (que definen si el producto satisface necesidades), criterios económicos (que definen si el producto ofrece una buena relación calidad/precio), o criterios simbólicos (que definen si el producto me aporta felicidad), sino también por supuestos criterios éticos (que nos hacen percibir que el producto es bueno para el mundo).

Despedido por un algoritmo

Despedido por un algoritmo

Piense por un momento en si usted ocuparía el mismo puesto de trabajo que tiene si se hubiera utilizado un algoritmo para contratarle.

La automatización y digitalización de procesos en el trabajo puede simplificar muchas tareas, pero también tener consecuencias para los empleados. El verdadero cambio derivado de ello es que las máquinas están empezando a ser utilizadas para tomar decisiones.

En las últimas semanas, ha habido mucha polémica, por los casos de exempleados de Amazon que afirman haber sido despedidos de la empresa, después de recibir un correo automatizado, generado por algoritmos, indicando que ya no estaban haciendo su trabajo correctamente.

A nadie se le escapa, qué en un futuro próximo, muchos de los trabajos que ahora realizamos los harán robots, pero parece que la idea que los robots decidan si continuamos con nuestros trabajos actuales, está costando más de asumir.

En principio este sistema estaba diseñado para analizar el trabajo de los repartidores y crear opciones de mejora. Pero al final se ha convertido en una herramienta de medición de rendimiento y desempeño. El Big Data, los algoritmos y la inteligencia artificial permiten actualmente que el empresario procese mucha más información de los empleados.

Personalmente no creo que aún a día de hoy exista la posibilidad de evaluar automáticamente a un trabajador por su valor añadido, por su parte intangible, como puede ser el compromiso, su capacidad de evolución, la empatía, etc… Cómo va un algoritmo a detectar cuando un compañero ofrece una sonrisa sincera de buenos días, mantiene una conversación de apoyo en un momento difícil, felicita el cumpleaños o reconoce el esfuerzo de otra persona.

El problema es que al final, para posiciones laborales que realizan tareas mecánicas o repetitivas, el rendimiento es algo diferencial y que puede hacer que una compañía tenga ventajas competitivas y, por lo tanto, mejores resultados.

Hay un movimiento de pensamiento que proponen algo que parece lógico: el derecho del trabajador pueda solicitar que la decisión de un algoritmo sea revisada por humanos, pero un algoritmo siempre tomará la decisión lógica, de acuerdo con los criterios con los que hay sido programado, en cualquier caso, su decisión será igual de justa o injusta para todos. Y aunque pudiesen cometer errores, su coste sería mucho menor respecto a contratar personas para revisar estos casos.

La gestión de personas mediante algoritmos se está extendiendo y cada vez se utilizan más datos de fuentes diferentes en los procesos relacionados con los recursos humanos. Todo el tiempo vamos dejando un rastro de datos detrás nuestro que abarcan desde nuestros perfiles en las redes sociales, likes y publicaciones, hasta las llamadas telefónicas a los servicios de atención al cliente, las visitas al médico, el uso del GPS o las retiradas de efectivo en el banco.

Existen herramientas para medir en atención telefónica el tono de la voz y el estado de ánimo de los clientes y los trabajadores. O por ejemplo a través de dispositivos (como sería una pulsera Fitbit) se puede la salud y actividad física con el supuesto objetivo de convertirse en una empresa saludable, pero que pueda servir para relegar a trabajadores con riesgo de tener bajas. También se puede controlar los empleados en entornos productivos y analizar cualquier movimiento que realicen con las manos o los brazos para medir su eficacia.

El escenario tan supuestamente molesto, donde pasaba el jefe o el responsable un par de veces cada hora para ver si realmente el empleado estaba realmente trabajando, al final, no era nada comparado, con el futuro que nos espera.

¿Qué es la economía YOLO?

¿Qué es la economía YOLO?

Los efectos de la Covid-19 están siendo particularmente profundos en los países más afectados por la pandemia y en aquellos que dependen en gran medida del comercio internacional, el turismo, las exportaciones de productos básicos y el financiamiento externo.

¿Has escuchado la frase “Toda crisis es una oportunidad?

Personalmente no creo que esta frase hecha generalmente se use de forma correcta. La crisis es crisis y la oportunidad es oportunidad. No son términos intercambiables. La oportunidad de tener una pareja, no es lo mismo que una crisis de pareja. Muchas veces se sostiene que la crisis es positiva porque obliga a las personas a salir de su zona de confort, reinventarse y aprender cosas nuevas. Pero la crisis genera emociones negativas, obliga a reaccionar bajo presión y no potencia una creatividad de valor.


Una de las reacciones más atípicas a esta reciente crisis mundial es el movimiento YOLO en inglés “you only live once”, “solo se vive una vez”. Las personas que la siguen, en vez de buscar una estabilidad laboral, que quizás sería lo obvio, viendo la destrucción de empleo que ha habido, renuncian y rechazan esta posibilidad a cambio de la búsqueda de nuevas experiencias financieras, de forma más libre y personal, que pueda ofrecer a largo plazo, una estabilidad que no tenga dependencia con un jefe / empresa de otro.

Que haya emprendedores es fantástico para la sociedad, pero que estos lo sean, como respuesta a un mal año, no es la mejor opción. Es importante entender que cualquier emprendimiento que uno quiera llevar a cabo requiere tiempo, paciencia y dedicación.

Existen trabajadores, que después de estar un año encerrados y habiendo obtenido ahorros, buscan vivir el presente, arrancar un nuevo negocio, convertir aquel pasatiempo en una actividad rentable de tiempo completo, o dedicarse finalmente a escribir el tan soñado libro o guion para una película. Otros se resisten a la orden de sus jefes de volver a la oficina y amenazan con renunciar si no los dejan trabajar dónde quieren y cuándo quieren.
Todos hemos tenido un año para evaluar si estamos viviendo la vida que queremos vivir, pero la tendencia YOLO, solo es apta para aquellas personas que disponen de un colchón financiero y que por titulación, experiencia y conocimiento puedan regresar al mercado laboral. Este movimiento empuja a no pensar, ni planificar el futuro y a gastar más de lo que se tiene. No cualquiera puede permitirse dejar de lado la cautela.

La generación que más se ha lanzado a este cambio es la Millennial. Uno de los motivos sería que, al estar percibiendo salarios bajos, no tienen miedo a realizar este cambio. El problema es que esta generación no destaca por tener grandes ahorros. Otro de los factores es que, con tanto teletrabajo, a los más jóvenes les ha hecho sentirse más lejanos y menos vinculados a la empresa.

Sea una posición individual acertada o no, las empresas no pueden dejar de tomar buena nota, y redoblar sus esfuerzos y su conocimiento de las motivaciones de esas generaciones jóvenes tan disruptivas a todos los niveles, para no perder ese valioso talento en sus organizaciones.
De hecho, algunas empresas como LinkedIn, Twitter, Credit Suisse o Houlihan Lokey, han regalado vacaciones pagadas, días libres extra, bonos de calidad de vida, etc. Para vincular a sus empleados y ayudar así a superar los efectos de la pandemia.

La reputación online

La reputación online

La reputación online, también denominada OnLine Reputation Management (ORM), es la imagen y el nivel de prestigio sobre una empresa o marca en internet. El problema es que no está completamente bajo el control de esta organización, ya que todos los usuarios de internet pueden contribuir a fabricarla aportando sus comentarios y opiniones.

Para entenderlo mejor, podemos considerar que la reputación online es la suma de dos aspectos complementarios:

  • Los factores internos, esto es, la información que la propia persona o empresa comparte sobre sí misma y las acciones online que lleva a cabo a lo largo del tiempo.
  • Los factores externos, es decir, toda la información que aportan otros usuarios, visitantes o consumidores.

Del mismo modo que un comentario positivo puede encumbrar tu marca, un comentario negativo o desafortunado puede perjudicarla seriamente a medio/largo plazo. Es el poder de las redes sociales.

Aunque algunos podrían decir que es mejor no tener ninguna reputación en línea, la realidad es que contar con una mala reputación o no tener una en absoluto puede ser igual de perjudicial.

Los estudios lo confirman: el 74% de los consumidores realiza una búsqueda en Google antes de comprar un producto o servicio. El 90% de los consumidores también confía en sus amigos, un 78% revisa las reseñas de usuarios desconocidos de Internet y, un 16% revisa la publicidad de marca.

Más del 60% de los consumidores, afirman que se alejan de una marca si encuentran mayoría de comentarios negativos, mientras que un 15% aproximadamente, desconfía si no encuentra reseñas o rastro de los compradores.

Hay tres elementos para comprobar la reputación online:

  • Monitorizar la reputación online de tu marca en las redes sociales con herramientas como Social Mention o Buzzmonitor
  • Realizar búsquedas en los motores de búsqueda por nombre de marca (o perfil profesional), por productos o tipo de servicios para saber qué se dice de tu negocio en Internet.
  • Analizar las opiniones que se generan en torno a tus contenidos web mejor posicionados o con más volumen de tráfico, lo que puedes identificar mediante los informes de Search Console de Google.

¿Cómo mejorar la reputación online?

  • La inmensa mayoría de los problemas de reputación online se pueden resolver con una respuesta a tiempo que solucione el problema del usuario.
  • Añade testimonios y comentarios. Ver a otras personas opinando positivamente sobre algo da mucha confianza. Seguro que si has comprado online te has fijado en lo que han puesto otros compradores sobre el producto.
  • Sé accesible y cercano. Ya pasaron los tiempos en los que las marcas podían vivir en un pedestal. Ahora, internet ha igualado el terreno y se busca una relación mucho más “de tú a tú”.
  • Uno de los secretos de la inteligencia emocional es comprender que casi todo el mundo cree tener razón… desde su punto de vista. Y esto se aplica también a los usuarios que se quejan de tu marca en internet
  • Cuida las formas. La historia de la reputación online está plagada de crisis causadas por community managers impertinentes, graciosillos, que se confundieron de cuenta o que sencillamente tenían un mal día.

La reputación online contempla un último condicionamiento que fija la atención de los expertos: el pasado. El rastro negativo en Internet es casi imposible de borrar, ya no tanto por la parte legal como por una mera cuestión técnica. Por lo tanto, vale la pena prevenir.

¿Cómo mejorar la imagen corporativa de una empresa?

¿Cómo mejorar la imagen corporativa de una empresa?

La imagen corporativa de una empresa es la imagen que el público tiene de esa entidad. Por un lado, son las ideas, sensaciones y prejuicios que tenemos antes de conocer los servicios o productos de una marca. Por otro: las experiencias y juicios que adquirimos después de conocerlos.

Una imagen corporativa bien construida y trabajada coherentemente, aporta beneficios como, por ejemplo:

  1. Promueve la identificación del cliente con los productos o servicios
  2. Aumenta y fortalece el valor de la marca.
  3. Ayuda a crear alianzas o colaboraciones.
  4. Brinda credibilidad.
  5. Atrae al talento, a profesionales quieran trabajar para la marca.
  6. Es un valor diferencial frente a los competidores.

Consejos para mejorar la imagen corporativa

  1. Protege tu nombre. Es recomendable que adquieras los dominios (.com, .es, .net, .cat…) el que tu cliente potencial use más a menudo y que el resto lo redirijas a tu dominio principal.
  2. Es necesario que vigiles la experiencia que los clientes tienen con tu negocio. Con encuestas de satisfacción, entrevistas, revisando estadísticas… Es importante ser agradecido, interactuar con el cliente y actuar en consecuencia de quejas, criticas y problemas.
  3. Es importante demostrar que puedes ser un líder de opinión en tu sector. Crea contenidos que estén al margen de la venta: blog, ebooks, guías, etc. No vendas, sólo informa, se útil.
  4. Publicita tu marca. Destaca las virtudes y valores de tu empresa, en campañas de internet.
  5. Invierte en posicionamiento. Lo cierto es que, si no estás en los primeros resultados de una búsqueda de Google, no existes.
  6. Usa las redes sociales para potenciar la imagen de marca en internet. Las redes sociales significan eso, ser sociable. Crear perfiles corporativos tiene una doble funcionalidad: sirve para demostrar al público que existes y te mantienes al día; y es un excelente canal de contacto bilateral con tus clientes, conocer sus opiniones y sus problemas. Las publicaciones en redes sociales ayudan a los clientes a recordar tu presencia.
  7. Diseña una web ‘amigable’. Cuida el diseño de tu portal web, considera tu página como un local, la tienda física donde recibes a tus clientes, los atiendes, muestras tus productos y efectúas tus ventas. Procura desarrollar un sitio web de fácil acceso, intuitivo y atractivo.
  8. Mantener la coherencia en todas las comunicaciones. En redes sociales, emails, blogs o youtube, es fundamental mantener el mismo estilo en las comunicaciones, tanto en la forma como en el fondo, pues es lo que nos ayudará a definir lo que percibe nuestro público objetivo.
  9. Cuenta historias. Una buena historia genera emociones y se retienen en la memoria. Los profesionales del marketing persiguen encontrar buenas historias para las campañas. Se debe contar no sólo con la historia de la propia marca, sino también de los consumidores con el objetivo de que se sientan identificados y comprometidos.
  10. Humaniza tu marca. A los usuarios nos gusta notar que detrás de una marca hay un equipo humano. Puede demostrar que ese es tu caso hablando sobre él, poniéndole cara mediante fotos, felicitando las fechas señaladas…
  11. Eventos locales. Durante todo el año se celebran multitud de eventos de temáticas muy diversas. Solo presta un poco de atención para detectar con antelación aquellas iniciativas que puedan ser interesantes. Participa en eventos que te aporten valores positivos y aprovecha la afluencia de gente para dar más visibilidad a tu marca. O por el contrario, haga su propio evento. Es la ocasión perfecta para conectar con sus clientes.

Invertir, gastando en mantenimiento.

Invertir, gastando en mantenimiento.

En cualquier empresa, grande o pequeña, hay algún tipo de maquinaria implicada en la operativa diaria. Y seguro que has escuchado el refrán “más vale prevenir que curar”. Pues este refrán, trasladado al mundo empresarial, se traduce en un buen mantenimiento preventivo.

Las averías en las empresas ocurren, y lo peor de todo es que son caras porque producen:

1.            Costes de reparación que incluyen gastos en materiales, gastos de personal, gastos en servicios subcontratados…

2.            Daños en las máquinas o instalaciones, que en algunos casos supone el acortamiento de su vida útil.

3.            Pérdidas de producción, ya que por un lado, se pierde la cantidad de producto que se ha obtenido con taras consecuencia de un mal funcionamiento, y por otro, el trastorno de la planificación al retrasarse las entregas. Pero lo más importante, el mal servicio si la situación afecta a los clientes.

4.            Riesgos para las personas. En algunas ocasiones, existen averías que pueden provocar accidentes muy graves.

Hay que distinguir dos tipos de mantenimiento el correctivo y el preventivo.

El correctivo es el de mayor coste y el que se encarga de reparar o realizar alguna mejora en la maquinaria ante alguna urgencia.

El mantenimiento preventivo es el que se realiza mediante inspecciones periódicas con el fin de revisar el estado de la maquinaria y evitar futuras averías.

Algunas acciones del mantenimiento preventivo son: ajustes, limpieza, análisis, lubricación, calibración, reparación, cambios de piezas, entre otros

El mantenimiento preventivo se divide en: mantenimiento programado, mantenimiento predictivo y mantenimiento de oportunidad. El mantenimiento programado se caracteriza por realizarse en un determinado tiempo o kilometraje; el mantenimiento predictivo se realiza a través de un seguimiento que determina el momento en que debe de realizarse la referida manutención y, el mantenimiento de oportunidad como lo indica su nombre se realiza aprovechando los periodos en que no se utiliza el objeto.

Las ventajas de realizar un buen mantenimiento preventivo son:

1.            El mantenimiento de maquinaria es más rentable a largo plazo que si de forma inminente debemos reparar una máquina que se avería.

2.            El mantenimiento de maquinaria periódico y realizado por buenos profesionales evitará las averías inminentes que paralicen la empresa. Si las máquinas están disponibles el mayor tiempo posible, se les puede sacar el máximo rendimiento

3.            Un adecuado mantenimiento de maquinaria favorece una mejor previsión del presupuesto de la empresa.

4.            Supone una ventaja competitiva.

5.            Al evitar daños en maquinaria y paradas sorpresa, también evitamos posibles accidentes laborales del personal.

6.            Descartamos con mayor probabilidad la posibilidad de producir y/o entregar productos y/o servicios defectuosos o en mal estado.

Estos son los pasos para ponerlo en práctica:

1.            Define tus metas y objetivos. Por ejemplo, reducir el coste del mantenimiento.

2.            Determina un presupuesto. Por ejemplo 70% del presupuesto en un plan preventivo y el resto en mantenimiento correctivo.

3.            Realiza un inventario de los equipos que han de mantenerse.

4.            Revisa cualquier tipo de mantenimiento anterior que se haya llevado a cabo en tu empresa.

5.            Infórmate sobre las obligaciones legales en cuanto a riesgos laborales, lugares de trabajo y mantenimiento de equipos.

6.            Reparte los roles profesionales correspondientes.

7.            Planifica el mantenimiento.

8.            Ejecuta tu plan de mantenimiento.

9.            Revisa tu plan cada cierto tiempo. Seguro que, en base a la experiencia que vayas adquiriendo, podrás ir añadiendo mejorías.

La gestión de prioridades en el trabajo

La gestión de prioridades en el trabajo

¿Tienes muchas cosas por hacer? La mayoría de personas está en esta situación y esto no es excusa.
El problema más grande es cuando uno se centra solo en resolver las “urgencias”, pero no tiene tiempo de realizar las tareas importantes.

Establecer prioridades es básico en cualquier organización. Solo así sabremos distinguir lo importante de lo urgente, y los lugares exactos en los que tenemos que centrar nuestros esfuerzos. Las prioridades son las que nos permiten estar cada día más cerca de alcanzar nuestros objetivos empresariales. Además, permiten hacer nuestro día a día mucho más fácil, ya que nos ayudan a enfocar nuestro trabajo en una dirección concreta. Por eso el establecimiento de prioridades es una competencia cada vez más demandada.

El objetivo de este artículo es reducir el uso de la frase «No tengo tiempo«. Creo que la cuestión no se basa en tener tiempo o no, sino de analizar cuáles son las prioridades, si estamos dedicando las horas a lo que realmente deberíamos.

La adecuada gestión del tiempo y la sabia gestión de prioridades marca la diferencia entre las personas que logran el éxito y las que no, tanto a nivel laboral como personal.
El tiempo es un recurso irrecuperable. Una vez que pasa no podemos dar marcha atrás para restablecerlo, se va y no vuelve. Vale la pena recordar, que todos contamos con las mismas horas del día y los mismos días de la semana.

Al final muchas veces de igual si el vaso está medio lleno o medio vacío, quizás lo importante es ir a buscar agua, rellenarlo y pasar a la siguiente historia.
A partir de aquí, te dejo unos consejos sobre cómo para priorizar, escoge las que más te encajen.

  1. Clasifica lo que es urgente e importante. Se aconseja dividir las prioridades en cuatro niveles diferentes: importantes y urgentes, importantes no urgentes, urgentes no importantes y no importantes y no urgentes. Para que no te sobrecargues, lo mejor es comenzar por el segundo grupo. Después de todo, quién puede resolver las cosas importantes de antemano nunca tendrá elementos en el primer grupo. Sin embargo, si ya estás en el primero, debes comenzar por ahí.
  2. Evalúa las consecuencias. Revisar las acciones que traigan beneficios y mejores resultados es un gran entrenamiento para aprender a priorizar. Pregúntate: “de todas las acciones que he elegido como prioridad, ¿Cuáles de esas traerán beneficios para la empresa de inmediato?”. Empieza por esa.
  3. Crea responsabilidades. Si delegas algunas responsabilidades al equipo, es más fácil obtener los resultados que anhelas.
  4. Valora a largo plazo. Es habitual que algunas prioridades se hagan innecesarias con el paso del tiempo. De la misma forma, otras necesidades pueden parecer más urgentes.
  5. Calcula los costos. La matemática acostumbra a ser una gran aliada cuando se trata de decidir algo. Si tienes una de aquellas largas listas de prioridades que dejan todo aún más confuso, calcular el costo-beneficio de tus tareas puede ayudar a aclarar tus pensamientos.
  6. Regla 1-3-5. Esta es una estrategia muy simple que se basa en la idea de que cada día podemos completar un máximo de 9 tareas divididas en: 1 Tarea grande e importante que te lleva directamente a tus objetivos semanales. 3 Tareas Medianas y de importancia media alineadas con tus objetivos semanales. 5 Tareas pequeñas y de importancia baja que no tienen por qué estar alineadas con tus objetivos actuales, pero que te permiten resolver un problema mayor futuro que solo puedes resolver tú. Para tener éxito con ella, si eres de las personas que suele tener muchas tareas urgentes, deja libre en tu planificación al menos 1 tarea mediana y 2 pequeñas, para evitar saltarte tu propia planificación. Esta regla no es inamovible, así que juega con estos números hasta encontrar tu combinación perfecta.

Mentalidad de mejora, mentalidad de proyecto

Mentalidad de mejora, mentalidad de proyecto

En la vida hay pocas verdades como esta frase “Tan solo existen tres tipos de personas: los que hacen que las cosas pasen, los que miran las cosas que pasan y los que preguntan qué pasó.” (Nicholas Murray).

Seguramente todos tenemos ideas sobre cómo mejorar nuestro puesto de trabajo, algún proceso, etc, ¿pero lo expresamos como toca? Seguramente muchas veces ni lo decimos, por miedo, inseguridad, pereza… Esto es un gran problema, porque a nivel empresarial, se desecha talento y no se aprovecha la suma de pensamientos que podrían mejorar la realidad.

En mi opinión debemos insistir en adquirir una mentalidad de creación de proyectos, aunque solo sea interna, personal, aunque no llegue a dirección, pero debemos dar un empuje, para que los trabajadores por cuenta ajena se impliquen y agranden su zona de confort.

Cualquier propuesta, cualquier mejora, por pequeña que sea, puede aportar valor a la empresa, por lo tanto ¿Por qué no proponerla?

La mejor manera de realizar una propuesta es una forma de proyecto. Un proyecto nace de:

  1. Una idea
  2. Reconocer un problema
  3. Ver una oportunidad

Ponerlo en práctica, ayudará a

  1. Mejorar o transformar un proceso de la empresa
  2. Adaptarse mejor a los cambios
  3. Explotar una nueva oportunidad de negocio

Una vez llega, por así decirlo, la inspiración, la mejor forma de comunicarla es por escrito, aunque solo sea en un solo folio. De ninguna manera es aceptable presentar esta propuesta enfrente de la máquina de café o en el ascensor, cuando uno se encuentra de pasada a un superior, en medio de su jornada laboral.

En este folio se debe reflexionar de forma corta si esta propuesta:

  1. Encaja con los objetivos y la estrategia de la empresa
  2. Añade valor a la situación actual
  3. Si tiene un beneficio, un retorno de la inversión o qué nivel de coste se debe asumir para llevarla a cabo.
  4. Si se puede llevar a cabo, a nivel de viabilidad técnica y organizativa
  5. Y sinceramente, poco más.

Hacer una propuesta de mejora demuestra interés, originalidad, ganas de mejorar, capacidad para crear y… ¿Qué empleador no quiere a trabajadores así en su empresa?

O visto de otro modo… ¿Que empresario quiere trabajando para él un rebaño de personas que son incapaces de aportar mejoras?

Como la habéis visto de ejemplo de muchas otras prácticas, en esta también. En Google, todos los ingenieros tienen un día a la semana (llamado “free thinking time”) para desarrollar sus propios proyectos, aunque sean muy alejados de la misión de la compañía; también se celebran 8 veces al año días de generación de ideas con hasta 100 ingenieros.

De hecho hay una frase de Steve Jobs que ilustra la esencia de este artículo “No tiene sentido contratar a personas inteligentes y después decirles lo que tienen que hacer. Nosotros contratamos a personas inteligentes para que nos digan qué tenemos que hacer.”

Eso sí, las “personas inteligentes” a las que se refiere Jobs no solo se caracterizan por el mero hecho de serlo, sino por saber usar sus conocimientos y pensamientos para ganarse la vida. Trabajan con la mente para pensar nuevas soluciones y alternativas constantemente, analizando información y planificando estrategias en base a la misma. Se distinguen por ser capaces de generar ideas, no sólo seguir órdenes.

Toda empresa necesita nuevas ideas para mejorar sus operaciones, reducir sus gastos y mantenerse competitiva. ¿De ahora en adelante vas a actuar?

¡Gracias por ser un empresario!

¡Gracias por ser un empresario!

A veces des de los partidos políticos, los sindicatos, las instituciones públicas o los medios de comunicación, piden exceso de responsabilidades o culpan a los empresarios de problemas de la sociedad de forma muy gratuita, creándoles mala fama.

Seguramente todos conoceremos a algún empresario con malas prácticas como: no pagar las horas extras, permitir la brecha salarial de género, generar un alto nivel de contaminación, etc… pero ni mucho menos estas excepciones pueden representar a un colectivo, tan relevante en nuestra vida laboral.

Winston Churchill dijo “Muchos miran al empresario como el lobo al que hay que abatir; otros lo miran como la vaca a la que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miran como el caballo que tira del carro”.

Analizando esta frase, tan desagradable como real y aunque tenga muchos años, actual, me aparecen dos preguntas:

¿Quién piensa que se deben abatir los empresarios? Ellos dinamizan la economía, crean empleo, generan riqueza.

¿Quién piensa que se puede ordeñar a un empresario? Obviamente deben pagar impuestos y colaborar en la economía del país, pero un empresario, por ejemplo, con demasiadas cargas fiscales, tiene muy complicado sobrevivir.

Los empresarios, a través de los centros de trabajo, son los mejores vehículos para redistribuir la riqueza. Las empresas son el mejor instrumento para hacer justicia social, y la mayor garantía para que los países progresen y se desarrollen equilibrada y democráticamente, cordialmente entre sus habitantes.

Y la única parte de la frase que me gusta “el caballo que tira del carro”. Pues sí, por norma general ser un empresario supone:

  1. Requerir una gran dedicación. La vida del empresario es muy dura, sobre todo en los momentos iniciales de la creación de un negocio. Se sabe cuándo se empieza a trabajar pero no cuándo se acaba.
  2. Desarrollar muchas aptitudes y ser capaces de ponerlas en práctica todas a la vez. Un empresario es padre, médico, psicólogo, administrador, obrero, chofer, estratega, electricista, pintor, es consejero, es un amigo.
  3. Un empresario debe conocer como la palma de su mano el ámbito en el que trabaja. Formarse y renovarse continuamente para controlar la evolución del mercado.
  4. Asumir riego económico, tanto como inversión inicial, como soportar la variaciones de ingresos de un mes a otro, la morosidad de los clientes, etc
  5. Pagar todos los costos del negocio: impuestos, seguros, sueldos, locales y otros servicios, etc
  6. Convivir con la incertidumbre con respecto al crecimiento y consolidación del proyecto empresarial, siendo los  responsables últimos de cada decisión, de cada éxito y de cada fracaso.
  7. Tener un alto grado de auto exigencia y disciplina.
  8. Cumplir con las normas y estándares de calidad.
  9. Trabajar para la satisfacción de los «mini-jefes» que son los clientes.
  10. Tratar con las reclamaciones de los trabajadores,  porque estos sentirán que los están explotando, sin entender que el empresario está compartiendo el beneficio y no el riesgo con ellos.

Ser empresario no es fácil. Además, si las cosas le salen bien, aparecerá la envidia en su entorno y muchos le acusaran de fraude, de tener enchufes, de tener suerte, y le criticaran por todo. Y si salen mal, le dirán que es tonto porque ya se veía a venir.

Por todo ello, ser empresario es una de las labores más honrosas y dignas de admiración que existen. Por eso, ¡los felicito, los admiro, los aplaudo y los respaldo! ¡Gracias por ser un empresario!

La rutina en el trabajo.

La rutina en el trabajo.

Seguramente leer la palabra rutina en el título, ya os de pereza. Y si preguntase si os gusta la rutina del trabajo, la respuesta sería negativa. ¿Pero realmente la rutina es mala?

A día de hoy es muy habitual escuchar que la rutina es algo terrorífico que nos va matando día a día por dentro y por fuera, y que, sin embargo, la gran mayoría de la población del planeta, especialmente en los países más desarrollados, no puede dejarla a un lado fácilmente. La rutina no goza de prestigio en nuestros días, ya que todo ha de ser cambio, vértigo, sorpresa, imprevisibilidad.

Asemejamos la rutina laboral a la monotonía, a una vida profesional tediosa y a la pérdida de creatividad. Pero de hecho existen dos clases de personas: las que se sienten cómodas con ella y las que cuando llega se aburren. No todos los individuos tienen el mismo grado de tolerancia a la rutina.

Aunque no parezca muy excitante, aplicar rutinas en el trabajo tiene ventajas:

  1. Aumenta la eficiencia. Al revisar y practicar constantemente los mismos patrones y procesos, una y otra vez, incrementas tus habilidades para completarlos. El tiempo es el recurso más valioso con el que contamos. Nuestros hábitos y costumbres pueden ayudarnos (y lo hacen) a gestionarlo mejor
  2. Tranquilidad mental. Para nadie es un secreto que el desorden genera crisis y estrés. Pero, cuando comienzas a desarrollar una rutina diaria el panorama de caos y ansiedad se va disminuyendo con el paso de los días.
  3. La seguridad de los actos realizados. Porque afortunadamente no tenemos que evaluar todo el tiempo las consecuencias de nuestras acciones. Hacemos lo que hacemos como lo hacemos, sin tener que darle muchas vueltas.
  4. No más acumulación de trabajo. Una rutina permite dedicar tiempos específicos a las tareas diarias, lo que te asegura que no vas a acumular quehaceres.

La rutina es necesaria en un gran número de circunstancias y situaciones, o incluso, de manera genérica. Y para los que aún no crean en sus ventajas, voy a poner más ejemplos.

  1. ¿Te operarías en un quirófano sin rutinas? Sin los análisis de sangre pertinentes, sin que el médico haya practicado antes el procedimiento, sin una anestesia adecuada, sin la limpieza estricta del espacio…
  2. ¿Volarías en un avión sin rutinas? Sin la comprobación que hay suficiente combustible, sin comprobar la identidad de los ocupantes, sin seguir los protocolos de aterrizaje…  
  3. ¿Irías a un concierto sin rutinas? Con los músicos que no han realizado ensayos, sin que el cantante recuerde la letra, o sin que la iluminación cuadre con el espectáculo?

En estos ejemplos seguro que vemos necesarios no solo la rutina, sino además, que esta se realice con la máxima atención.

Vivimos en una sociedad en que admiramos a los futbolistas profesionales.  A ellos les encanta la emoción del juego, competir contra el rival, el apoyo del público, ganar títulos, etc. Pero ¿A qué deportista le gusta la rutina de ejercicios? Seguramente a muy pocos. Pero esta rutina, les proporciona una estructura, una base, donde mejorar sus condiciones, para ofrecer los mejores resultados.

Con este artículo no quiero decir que debamos vivir siempre como en la película del “Día de la marmota”, pero sí que quiero poner en valor algo como el compromiso con la rutina, a día de hoy menospreciada. Por último me gustaría recordad la clásica frase hecha “ El hombre, es un animal de costumbres”.