Seguramente leer la palabra rutina en el título, ya os de pereza. Y si preguntase si os gusta la rutina del trabajo, la respuesta sería negativa. ¿Pero realmente la rutina es mala?

A día de hoy es muy habitual escuchar que la rutina es algo terrorífico que nos va matando día a día por dentro y por fuera, y que, sin embargo, la gran mayoría de la población del planeta, especialmente en los países más desarrollados, no puede dejarla a un lado fácilmente. La rutina no goza de prestigio en nuestros días, ya que todo ha de ser cambio, vértigo, sorpresa, imprevisibilidad.

Asemejamos la rutina laboral a la monotonía, a una vida profesional tediosa y a la pérdida de creatividad. Pero de hecho existen dos clases de personas: las que se sienten cómodas con ella y las que cuando llega se aburren. No todos los individuos tienen el mismo grado de tolerancia a la rutina.

Aunque no parezca muy excitante, aplicar rutinas en el trabajo tiene ventajas:

  1. Aumenta la eficiencia. Al revisar y practicar constantemente los mismos patrones y procesos, una y otra vez, incrementas tus habilidades para completarlos. El tiempo es el recurso más valioso con el que contamos. Nuestros hábitos y costumbres pueden ayudarnos (y lo hacen) a gestionarlo mejor
  2. Tranquilidad mental. Para nadie es un secreto que el desorden genera crisis y estrés. Pero, cuando comienzas a desarrollar una rutina diaria el panorama de caos y ansiedad se va disminuyendo con el paso de los días.
  3. La seguridad de los actos realizados. Porque afortunadamente no tenemos que evaluar todo el tiempo las consecuencias de nuestras acciones. Hacemos lo que hacemos como lo hacemos, sin tener que darle muchas vueltas.
  4. No más acumulación de trabajo. Una rutina permite dedicar tiempos específicos a las tareas diarias, lo que te asegura que no vas a acumular quehaceres.

La rutina es necesaria en un gran número de circunstancias y situaciones, o incluso, de manera genérica. Y para los que aún no crean en sus ventajas, voy a poner más ejemplos.

  1. ¿Te operarías en un quirófano sin rutinas? Sin los análisis de sangre pertinentes, sin que el médico haya practicado antes el procedimiento, sin una anestesia adecuada, sin la limpieza estricta del espacio…
  2. ¿Volarías en un avión sin rutinas? Sin la comprobación que hay suficiente combustible, sin comprobar la identidad de los ocupantes, sin seguir los protocolos de aterrizaje…  
  3. ¿Irías a un concierto sin rutinas? Con los músicos que no han realizado ensayos, sin que el cantante recuerde la letra, o sin que la iluminación cuadre con el espectáculo?

En estos ejemplos seguro que vemos necesarios no solo la rutina, sino además, que esta se realice con la máxima atención.

Vivimos en una sociedad en que admiramos a los futbolistas profesionales.  A ellos les encanta la emoción del juego, competir contra el rival, el apoyo del público, ganar títulos, etc. Pero ¿A qué deportista le gusta la rutina de ejercicios? Seguramente a muy pocos. Pero esta rutina, les proporciona una estructura, una base, donde mejorar sus condiciones, para ofrecer los mejores resultados.

Con este artículo no quiero decir que debamos vivir siempre como en la película del “Día de la marmota”, pero sí que quiero poner en valor algo como el compromiso con la rutina, a día de hoy menospreciada. Por último me gustaría recordad la clásica frase hecha “ El hombre, es un animal de costumbres”.

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