Hoy en día los puestos de trabajo actuales conllevan más responsabilidades y en general son más complejos y las cargas de trabajo son mayores. Las personas se sienten más presionadas que en otras épocas, esto aunado a los naturales conflictos que siempre van a existir, son un problema que se debe gestionar.

Siempre he pensado que 2 trabajadores, con un mínimo de formación, un mínimo de experiencia, mismo nivel de implicación y cantidad parecida de información, deberían opinar igual sobre cualquier tema, es una bonita teoría y generalmente coincide con la realidad. Pero una empresa perfecta en la que los empleados nunca discutan, ni surja ningún conflicto es, sencilla y llanamente, una utopía.

A veces, intentamos evitar discusiones verbales en nuestro entorno de trabajo por miedo a que el resto de personas se tomen a mal, nuestra disparidad de opiniones con respecto a las suyas i es que… ¿Quién quiere tener una disputa con alguien con quien hay que compartir ocho horas al día? Pero las desavenencias, son  algo natural, generadas por la fricción y el contacto entre compañeros a diario.

Las discusiones en el trabajo siempre se han visto como algo negativo, pero pueden ser muy positivas en muchos aspectos. Estar en desacuerdo con alguien puede hacer que crezcamos y que lleguemos a ideas creativas o nueva soluciones, gracias a la diversidad de opiniones, pero es necesario saber cómo expresar tu desacuerdo con alguien.

Está bien intentar tener un clima laboral tranquilo y evitar los conflictos, pero dejar de escuchar opiniones diferentes, es una pérdida para la empresa.

Si somos capaces de poner por delante el respeto al resto de personas, la amabilidad y la empatía, se debería poder fomentar las discusiones. De hecho, quizás, deberíamos llamarlo, más que discusión, que comporta una connotación negativa, un intercambio de opiniones. Siempre que este se realice de forma pausada, educada, madura, con rigor, sin mentidas y no tomándolo como un asunto personal, seguro supondrá una mejora de la situación actual.

Es cierto que todas las personas intentamos siempre buscar la mejor solución, y muchas veces es difícil admitir que estamos equivocados ante un determinado tema. Por eso ser consciente de que no vamos a tener siempre la razón, y que el desacuerdo debe formar parte de las decisiones de nuestro equipo, nos ayudarán a ver las discusiones de forma diferente.

Cuando te planteas convencer a los demás con aquellos razonamientos en que confías u en los que te reafirmas, es verdaderamente cuando encuentras las debilidades y fortalezas de tus discursos. Y es que somos mejores evaluando los argumentos de otras personas que los nuestros.

Desde el punto de vista positivo, una de las ventajas que estos presenta gestionar correctamente el intercambio de opiniones, es que construyen acuerdos y diálogos, el sentimiento de unión se refuerza además, motiva a las personas, que trabajan apasionadamente en sus tareas, usan su fuerza y energía en desempeñar sus labores y no en ganar discusiones, y en general los empleados realizan tareas superiores a las demandadas.

Por último os dejo con una frase “La cooperación no es ausencia de conflictos, sino el medio para resolver el conflicto”. Deborah Tannen

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