Siempre me ha interesado la cocina, tengo profunda admiración por los cocineros que innovan, investigan y terminan creando nuevas experiencia para el paladar. Si hablamos de chefs o restaurantes que han cambiado el mundo, seguramente nos vendrá a la memoria Ferrán Adrià y el Bulli. Pero hoy hablaré de Albert Adrià. Él fue el hermano pequeño en la sombra del gran genio mediático, pero no cabe duda que hoy, su mundo en El Barri, la empresa que se ha extendido por la zona de la avenida del Paral•lel de Barcelona con seis restaurantes: Tickets, Pakta, Niño Viejo, Hoja Santa, Bodega 1900 y Enigma, lo confirma como un auténtico referente, que brilla con luz propia.

Lo que más me impacta de él, es su actitud ante la vida, cuando es un hombre que ha estado en la cima de su profesión.

Si le preguntan… ¿Cuál es tu secreto? Su respuesta es: Callar y trabajar. A estas alturas, Albert entiende que “hay que trabajar y callar ante las buenas y las malas críticas” y sabe que no nació para ser el mejor en nada porque “eso no existe”.

Cuando le cuestionan qué debe tener un cocinero para ser exitoso, Albert dice que humildad y pasión. “La humildad hace que te levantes para aprender y la pasión para que puedas pasar 15 horas o más trabajando”.

Para cerrar la trilogía típica de preguntas tópicas, siempre le hacen escoger entre alguna de sus recetas. A lo que él argumenta “Un creativo tiene que pensar que su plato favorito no ha nacido”. No es que Adrià no pueda escoger qué platos propios lo han hecho sentir orgulloso hasta los huesos, es que sabe que “la auténtica creatividad es aquello que no existe”.

Es una pena que no le guste hablar, porqué su experiencia creo que es aplicable a cualquier negocio. “Un restaurante es una fábrica de errores, pero cuando eres preciso, conciso y directo ante un error, se soluciona. Los errores los cometo continuamente y aprendo de éstos, pero hay que ser autocrítico”.

Y su filosofía de trabajar contra la cuenta, simplemente es sublime. “Tengo un contrato llamado factura, mediante el cual nosotros les damos comida y ellos pagan. Yo no vendo comida, yo vendo felicidad, cada día buscamos convencer al cliente de que ese contrato que firman es lo que ellos esperaban.”

Y es que quizás no haya secretos para el éxito. A lo mejor se puede llegar a triunfar con la receta de siempre, con los valores más antiguos. Si lo ha conseguido Albert en una mundo tan vanguardista como la cocina… ¿Pues porque no?

Debemos recuperar la cultura del esfuerzo. Es el único camino para desarrollar el talento, para ser competitivo como persona y como sociedad. La psicología positiva y los libros de motivación nos han enseñado que podemos soñar, pero el mero deseo no es suficiente. Lo que realmente vale la pena, suele llegar después de muchos esfuerzos continuados, muchos intentos por sobrepasar los propios límites, por ir más allá consiguiendo metas que parecen inaccesibles, a las que nos vamos acercando, a golpes de voluntad y de trabajo.

Por si necesitas más ejemplos de triunfar con esfuerzo:

“Odié cada minuto de entrenamiento, pero dije, ‘ No renuncies. Sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón”. (Muhammad Ali)
“Siempre parece imposible hasta que se hace”. (Nelson Mandela)
“Si uno no lo ha dado todo, no ha dado nada”. (Guynemer)
“Nadie se ha ahogado jamás en su propio sudor”. (Ann Landers)

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