Imagina que llevas el coche a un mecánico o vas al peluquero y ninguno de los dos se ha formado en los últimos 10 años. ¿Lo ves grave? Quizás, si lo sabes, te incomode o tengas dudas de usar sus servicios. Si la pregunta es la misma, pero con el ejemplo de un abogado o un médico, casi seguro que no vas a ponerte en sus manos.

No podemos dejar pasar por alto el enorme esfuerzo que supone a nivel personal, compatibilizar el trabajo con la familia, y además con el hecho de seguir recibiendo formación. Bien es cierto que la experiencia laboral, diaria nos enriquece y ayuda a cumplir las expectativas marcadas, sin embargo debemos tener en cuenta que la formación no es una pérdida de tiempo o un gasto para la empresa, sino todo lo contrario, es una inversión a largo plazo.

La formación continua es un elemento fundamental para el desarrollo y supervivencia de las empresas y  de su capital humano. Las evoluciones sociales, tecnológicas y económicas, están provocando cambios metodológicos, estructurales, funcionales ante los que surgen nuevas necesidades y desajustes de talento.

En el 1943, Abraham Maslow creó su obra maestra: Una teoría sobre la motivación humana. En su teoría motivacional, en la base se encuentran las necesidades fisiológicas y de seguridad, más arriba las de filiación y en último lugar, en la cúspide, la autorrealización, la formación continua puede verse como la vía de nuestro desarrollo laboral. Seguidamente encontrareis su frase célebre: “Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

Las ventajas de estas acciones son evidentes: por una parte, la organización puede responder de manera eficaz y efectiva a las necesidades y cambios del mercado, y es, en definitiva, más competitiva al contar con un capital humano actualizado. Por otro lado, la formación continua redunda en los trabajadores en su motivación, su integración en la empresa o la asunción de los valores al ver que la empresa los valora e invierte en su desarrollo.

Entre los beneficios específicos, que podemos obtener de la formación continua están:

  • Adapta la empresa a las últimas tendencias del mercado, incorporando las nuevas tecnologías y sistemas de gestión y organización.
  • Aumentan las ventajas competitivas de la empresa.
  • Facilita consolidar y transmitir la misión, la cultura y los valores de la empresa.
  • Mejora la productividad, la competitividad y la rentabilidad de la empresa.
  • Incrementa la calidad de los productos y servicios.
  • Favorece la investigación e innovación en nuevos productos.
  • Aumenta el compromiso de la plantilla con la compañía.
  • Favorece la integración social de cada empleado.
  • Aumenta la satisfacción, motivación y participación de la plantilla.
  • Permite mejores formas de trabajar y el uso de nuevas tecnologías.
  • Potencia al trabajador para asumir responsabilidades, tomar decisiones eficientes y resolver problemas.
  • Mejora la eficiencia en los procesos.
  • Favorece la igualdad de oportunidades.

En la actualidad existen diversos métodos para seguir un buen proceso de reciclaje y desarrollo de los conocimientos. Se pueden realizar, a nivel particular o empresarial, existen cursos en centros privados, bonificados para trabajadores en activo, subvencionados por los distintos organismos e instituciones, a medida para las empresas, másteres profesionales, etc.

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